Si voy a salir de mi zona de confort, necesitaré un baño muy limpio.

Me saqué el carné de conducir a los 18 años (de estas cosas que haces porque toca). Y nada, llegué yo a mi casa con el aprobado a la tercera y llevé a mi padre de paseo por la carretera del pueblo… Estuve tan cerca de estamparme contra el tractor de delante que cuando ese Renault 9 se fue al desguace (muchos) años después, todavía guardaba las uñas clavadas de mi padre en el asiento. Sigue leyendo

¿Hasta dónde llega el amor de madre? ¡Novedades!

Buh. Mu lejos, mu lejos, mu lejos. El amor de madre no conoce fin. Una madre por una hija puede verse metida en líos gordos como bordar sudaderas a mano y otras mil historias que se le ocurren a una y a las que su señora madre dice: pues claro, hija, yo te lo hago.

El salón de mi casa, 4 de la tarde. Mi padre se afana en enseñarme matemáticas y mi madre borda. Mientras mi padre resopla desesperado por mis bajas cualidades para los números le pregunto a mi madre qué hace: esto, una mantelería para Fulanita; aquí unas sabanitas, que Nosequién va a ser madre; aquello un cuadro para la cocina de TalycualSigue leyendo

Una palabra muy poderosa: CONECTAR.

Cristina, de La Espaciera, vuelve al blog con un post muy inspirador. Leerla es la suerte de poder imaginarme en los sitios que describe. Oler madera en el fuego. Retroceder a la infancia de una. Al verde de los campos, a la vida en el pueblo. Bueno, yo esto lo disfruto a diario. Justo mientras escribo oigo a mis vecinos hablar abajo, en la puerta, sobre las pequeñas cosas de la vida mientras el sol de este agradable veroño les calienta el rostro.

Por eso os recomiendo que no os perdáis este viaje, esta conexión. Sigue leyendo

Me retiro a un pueblo, pueblo.

En mi casa flipaban cuando me oyeron decirlo. “Anda ya la niña se va a ir, con lo que ha renegado del pueblo este. Y lo va a cambiar por otro más chico todavía. Si ella es más bien de Londres o de Barcelona. Antes se va a Barcelona con sus tíos. Ya verás, Dieguito”. Parrafada de mi madre a mi padre. Así está la pobre, que ha aprendido a usar guasap para preguntarme tres veces al día cómo estoy. Por si le aviso de la emergencia y vienen con el camión de mudanzas.

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