La vida es pedalear…

He borrado 10 frases anteriores a esta. Yo creo que este post me va a costar… Quizá la fritura de mi cerebro ya no tiene solución. Quizá llevar más de 50 programas de La Vida Moderna me ha dejado un poco loqui… Pero han sido ellos, Berto Romero con su consultorio y David Broncano (and company) con La vida moderna, los que han hecho posible que no me precipitase de la vida en estas largas, larguíiiiiiisimas tardes de culopegaoalsofá para terminar esta web que os presento.

La próxima vez que anuncie en redes que cambio la página, haced el favor: coged una sartén grande y robusta y golpeadme en la cara hasta que me quede moñeca (La Vida Moderna dixit). Para que os hagáis una idea de la dureza de esta gesta: la semana pasada me di cuenta de que llevaba 3 DÍAS COMPLETOS, sin salir de casa. Ni al patio. Y si a eso le sumamos oír a Ignatius en bucle… vamos a ver, ¡yo he perdido lucidez! Sigue leyendo

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Hola verano, nos pillas así de guapas.

Qué calorina. No les digo nada nuevo. Porque entre capturas de la app del tiempo, memes de Facebook, telediarios, periódicos y comentarios de todas las vecinas de la calle, nos ha quedado claro a todos: ojú, qué infierno.

Mientras les escribo tengo de fondo la banda sonora de un ventilador tochaco (o sea, muy grande, que no es que sea una marca japonesa 😀 ) que trajo el darling de urgencia hace un par de días. Con uno sólo no se puede dormir la siesta y que yo me quede trabajando en el salón así que acepté tener otro cacharraco de estos por la casa, que pega un viento de videoclip de Madonna y con el que a poco que hablase, me casaba.  Porque oye, qué gustete tener alguna forma de socorro en este pueblete donde me colocaron la piscina en la esquina del final del pueblo (y a la oficina de Correos en la otra, leches). Sigue leyendo

Os presento a mi abuela, Catalina.

*Aunque ustedes no se vayan a dar ni cuenta, yo me veo venir lagrimón con este post. Lo veo, veo…

Recuerdo que para cuando el colegio acababa, el calor en nuestra casa ya era insoportable. Así que me bajaba a la de mi abuela. En los últimos escalones ya notabas la brisa fresca como un salvavidas. Yo me sentaba en el suelo, que estaba helado, a mirar telenovelas que no entendía hasta que me quedaba dormida. El caso es que la imagen que tengo asociada a un mes de junio y a esa brisilla deliciosa es la de mi abuela sentada en su sillón, con las piernas en alto y un pañito encima donde ponía los hilos que iban trepando hasta sus agujas y con su tintineo incesante se iban convirtiendo en manteles, rebecas, colchas de verano y, por supuesto, adornos para el ajuar de su nieta. Mi abuela ha hecho ganchillo, por lo menos, por lo menos, desde que yo la conocí 🙂

Pero la vista le falló, aunque le quedasen las ganas, y hubo un día en que guardó los hilos y sus trapitos en el baúl gigante que hay a la entrada de su casa. No sé exactamente cuándo porque para entonces seguro que en mi casa ya teníamos aire acondicionado y yo una edad en la que el ganchillo ya no me interesaba nada.

Y años después de que se le fuera la vista, se le fue la cabeza. Y ya no importaba el calor, ni el frío, todos nos bajamos a vivir a su casa. Sigue leyendo

Si voy a salir de mi zona de confort, necesitaré un baño muy limpio.

Me saqué el carné de conducir a los 18 años (de estas cosas que haces porque toca). Y nada, llegué yo a mi casa con el aprobado a la tercera y llevé a mi padre de paseo por la carretera del pueblo… Estuve tan cerca de estamparme contra el tractor de delante que cuando ese Renault 9 se fue al desguace (muchos) años después, todavía guardaba las uñas clavadas de mi padre en el asiento. Sigue leyendo

¿Hasta dónde llega el amor de madre? ¡Novedades!

Buh. Mu lejos, mu lejos, mu lejos. El amor de madre no conoce fin. Una madre por una hija puede verse metida en líos gordos como bordar sudaderas a mano y otras mil historias que se le ocurren a una y a las que su señora madre dice: pues claro, hija, yo te lo hago.

El salón de mi casa, 4 de la tarde. Mi padre se afana en enseñarme matemáticas y mi madre borda. Mientras mi padre resopla desesperado por mis bajas cualidades para los números le pregunto a mi madre qué hace: esto, una mantelería para Fulanita; aquí unas sabanitas, que Nosequién va a ser madre; aquello un cuadro para la cocina de TalycualSigue leyendo

Una palabra muy poderosa: CONECTAR.

Cristina, de La Espaciera, vuelve al blog con un post muy inspirador. Leerla es la suerte de poder imaginarme en los sitios que describe. Oler madera en el fuego. Retroceder a la infancia de una. Al verde de los campos, a la vida en el pueblo. Bueno, yo esto lo disfruto a diario. Justo mientras escribo oigo a mis vecinos hablar abajo, en la puerta, sobre las pequeñas cosas de la vida mientras el sol de este agradable veroño les calienta el rostro.

Por eso os recomiendo que no os perdáis este viaje, esta conexión. Sigue leyendo