La vida es pedalear…

He borrado 10 frases anteriores a esta. Yo creo que este post me va a costar… Quizá la fritura de mi cerebro ya no tiene solución. Quizá llevar más de 50 programas de La Vida Moderna me ha dejado un poco loqui… Pero han sido ellos, Berto Romero con su consultorio y David Broncano (and company) con La vida moderna, los que han hecho posible que no me precipitase de la vida en estas largas, larguíiiiiiisimas tardes de culopegaoalsofá para terminar esta web que os presento.

La próxima vez que anuncie en redes que cambio la página, haced el favor: coged una sartén grande y robusta y golpeadme en la cara hasta que me quede moñeca (La Vida Moderna dixit). Para que os hagáis una idea de la dureza de esta gesta: la semana pasada me di cuenta de que llevaba 3 DÍAS COMPLETOS, sin salir de casa. Ni al patio. Y si a eso le sumamos oír a Ignatius en bucle… vamos a ver, ¡yo he perdido lucidez! Sigue leyendo

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Os presento a mi abuela, Catalina.

*Aunque ustedes no se vayan a dar ni cuenta, yo me veo venir lagrimón con este post. Lo veo, veo…

Recuerdo que para cuando el colegio acababa, el calor en nuestra casa ya era insoportable. Así que me bajaba a la de mi abuela. En los últimos escalones ya notabas la brisa fresca como un salvavidas. Yo me sentaba en el suelo, que estaba helado, a mirar telenovelas que no entendía hasta que me quedaba dormida. El caso es que la imagen que tengo asociada a un mes de junio y a esa brisilla deliciosa es la de mi abuela sentada en su sillón, con las piernas en alto y un pañito encima donde ponía los hilos que iban trepando hasta sus agujas y con su tintineo incesante se iban convirtiendo en manteles, rebecas, colchas de verano y, por supuesto, adornos para el ajuar de su nieta. Mi abuela ha hecho ganchillo, por lo menos, por lo menos, desde que yo la conocí 🙂

Pero la vista le falló, aunque le quedasen las ganas, y hubo un día en que guardó los hilos y sus trapitos en el baúl gigante que hay a la entrada de su casa. No sé exactamente cuándo porque para entonces seguro que en mi casa ya teníamos aire acondicionado y yo una edad en la que el ganchillo ya no me interesaba nada.

Y años después de que se le fuera la vista, se le fue la cabeza. Y ya no importaba el calor, ni el frío, todos nos bajamos a vivir a su casa. Sigue leyendo

Lo bonito, si es bueno, es lo mejor.

El domingo salí a desayunar con mi madre, que algún gusto tenía que darle después de tenerla todo el finde con la aguja para terminar vuestros encargos. El caso es que nos encontramos con una simpatiquísima mujer, Loli, que años atrás atendía la tienda más bonita de ropa infantil de mi pueblete: Mimo.

Con sus escaparates yo soñaba y mi madre sufría, porque era la que pagaba, y con sus conjuntos me gané la aclamación de familia y allegados haciendo mis pases de modelos en cualquier lugar que se terciase. Era una niña fina (porque no comía, que tardé tres horas en terminarme un melocotón) y bien vestía (para pena de mi padre que llevaba el sueldo a casa). Sigue leyendo

¿Hasta dónde llega el amor de madre? ¡Novedades!

Buh. Mu lejos, mu lejos, mu lejos. El amor de madre no conoce fin. Una madre por una hija puede verse metida en líos gordos como bordar sudaderas a mano y otras mil historias que se le ocurren a una y a las que su señora madre dice: pues claro, hija, yo te lo hago.

El salón de mi casa, 4 de la tarde. Mi padre se afana en enseñarme matemáticas y mi madre borda. Mientras mi padre resopla desesperado por mis bajas cualidades para los números le pregunto a mi madre qué hace: esto, una mantelería para Fulanita; aquí unas sabanitas, que Nosequién va a ser madre; aquello un cuadro para la cocina de TalycualSigue leyendo

Marchando un variado (de novedades).

Hoy os traigo un mezclaíto, como aquellos discos de Caribe Mix o Los Pitufos Makineros que además, os va a traer más recuerdos noventeros:

Corría 1995 (año arriba, año abajo) subida en el Supercinco rojo de mi padre al que todos llamábamos Totó (ponerle nombre a un coche sólo puede significar que más que lata con motor, es familia). No había cerrado la puerta y ya estaba metiendo a golpes”la cinta” de los Pitufos en el cassette y mi padre, muy de Beatles, aguantando la pedrada hasta que llegábamos al destino. La persona que mezcló las voces de elio de enanos azules con música mákina estaba muy cerca de Satanás.

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Una palabra muy poderosa: CONECTAR.

Cristina, de La Espaciera, vuelve al blog con un post muy inspirador. Leerla es la suerte de poder imaginarme en los sitios que describe. Oler madera en el fuego. Retroceder a la infancia de una. Al verde de los campos, a la vida en el pueblo. Bueno, yo esto lo disfruto a diario. Justo mientras escribo oigo a mis vecinos hablar abajo, en la puerta, sobre las pequeñas cosas de la vida mientras el sol de este agradable veroño les calienta el rostro.

Por eso os recomiendo que no os perdáis este viaje, esta conexión. Sigue leyendo